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LAS ENCUESTAS ELECTORALES OBSTÁCULO A LA DEMOCRACIA |
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Las mal llamadas encuestas preelectorales se han convertido en un factor más de desestabilización democrática.
 Luis Humberto Villarruel.
Por Luis Humberto Villarruel Lozada
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Regularmente los propietarios de los medios de comunicación toman partida frente a determinadas candidaturas, hecho que se refleja en la publicación de encuestas, o en otras oportunidades algunas campañas electorales contratan la firma encuestadora fijándole parámetros para que éstas generen un resultado mañoso, alejado de la verdad política del momento, favoreciendo a su candidato.
Ese resultado dolosamente dirigido tiene indudable y peligrosamente enorme incidencia en la voluntad electoral. Veamos: 1) El contagio colectivo que generan las mayorías prefabricadas. 2) Desconcierto en los equipos de campaña electoral y en el mismo candidato. 3) Según el resultado crece o decrece el respaldo económico de simpatizantes y militantes.
Derechos y deberes La historia de la humanidad nos enseña cómo la conquista y consolidación de la democracia ha sido producto de grandes sacrificios y largas luchas. Ella reconoce al pueblo como fuente de poder, le entrega al ciudadano un conjunto de derechos y deberes, entre ellos la electividad de los órganos representativos de poder y la práctica del sufragio universal. De tal manera que no podemos dejarnos arrebatar el derecho constitucional a votar y a elegir libremente. Factor de poder Hoy padecemos el narcotráfico, las diferentes formas de violencia, la corrupción administrativa, el desplazamiento, como elementos de distorsión democrática, pero éste obstáculo electoral de las encuestas está incubando un monstruo con tal capacidad de perversión que no tiene antecedentes en Colombia. Observamos las siguientes circunstancias: a) Hoy está constituido en verdadero factor de poder. b) Hemos perdido espacio democrático para decidir racionalmente sobre propuestas programáticas. c) Olvidamos el análisis sobre la actitud del candidato frente a la gravedad de los hechos del diario acontecer público. d) La mayoría de oportunidades ni siquiera analizamos la capacidad, experiencia y el desempeño en el devenir político del candidato. f) Es tal la distorsión conceptual que ya no nos preocupa qué propone el candidato sino cuál es su porcentaje en la última encuesta. Para depurar la democracia se hace imperativo reglamentar las encuestas, haciendo de ellas equilibrados sondeos de opinión. Mi recomendación en el momento, es utilizarlas al interior de las campañas y tomarlas como referentes en el proceso de planeación y organización de las mismas.
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