image0image1
 

 

JORGE EDUARDO GECHEM Y SU HIJO. Nacidos para la politica PDF Imprimir E-Mail

Por Margarita Suárez  

 

Image
Jorge Andrés Gechem y su padre.

El ex senador barayuno de 56 años, Jorge Eduardo Gechem Turbay y su hijo Jorge Andrés, de 18 años, tienen en común el amor por la política. Mientras el padre, pocas semanas después de haber sido liberado de su secuestro, retomó la actividad que ha ejercido casi toda su vida, el hijo lo acompaña en sus giras y pronuncia discursos.

 

Sin duda, el muchacho heredó la vena política. Su mamá, Lucy Artunduaga, fue Diputada a la Asamblea del Huila. Por el lado paterno, hace parte de la familia del fallecido ex presidente Julio César Turbay Ayala, padre del actual Contralor General de la República, Julio César Turbay Quintero, y de Diana, quien murió cuando intentaban rescatarla de un secuestro. Pariente también del ex presidente del Congreso Hernando Turbay, oriundo del Caquetá, cuya familia fue víctima de la violencia guerrillera. Uno de los hijos de Hernando, Rodrigo, fue secuestrado por las FARC y murió ahogado en un río caqueteño, en uno de los traslados que le hizo la guerrilla por la selva. Otro hermano de Rodrigo, Diego, también fue asesinado por las FARC junto con su madre, Inés Cote, y varios de sus escoltas.

 

Libro

Gechem Turbay tiene una excelente memoria que ha sido muy importante en su ejercicio político, la gente agradece que reconozca sus rostros y los salude por sus nombres. También le es fácil recordar con precisión fechas, lugares y cada detalle de su secuestro de seis años al que lo sometieron las FARC. Basado en este recurso y en los apuntes que hizo en un cuaderno que cada año le suministraba la guerrilla, planea editar un libro donde narrará situaciones que la gente desconoce de su vida en cautiverio.  

 

Su historia tiene ingredientes que pueden interesar a cualquier lector. Comenzando por la forma en que fue secuestrado el 20 de febrero de 2002, cuando seis guerrilleros en una arriesgada maniobra, pistola en mano, obligaron al piloto del avión de Aires que cubría la ruta Neiva - Bogotá, a cambiar el rumbo y aterrizar en una carretera entre Hobo y Campoalegre, donde Gechem Turbay, quien en ese momento se desempeñaba como presidente de la Comisión de Paz del Senado, fue obligado a descender del avión y conducido a la zona rural de Algeciras. Tres pasajeros fueron llevados como escudos humanos, pero poco después los dejaron en libertad. Este secuestro, de ribetes cinematográficos, motivó el rompimiento definitivo del proceso de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y la guerrilla de las FARC.

 

Las gafas

No fue fácil tomar apuntes. Cuando lo secuestraron usaba gafas para leer y las perdió. Durante mucho tiempo estuvo así, hasta cuando llegó el periodista Jorge Enrique Botero a realizar notas para televisión en los campamentos de las FARC y le regaló las suyas para que Gechem pudiera leer. Pero la dicha duró sólo tres meses, cuando un jefe guerrillero se las pidió para su uso. En algunas ocasiones pudo conseguir gafas que traían los guerrilleros, pero sólo servían por raticos, porque eran endebles y se dañaban muy rápido. Esa limitación visual influía en muchas cosas, por ejemplo no se podía mirar con claridad en el espejo, que era más pequeño que un calendario de bolsillo.

 

La retención

El día de su secuestro estaba muy prevenido, pero cuando se sentó en la silla del avión se sintió tranquilo. Viajó un miércoles, a pesar que acostumbraba hacerlo los martes, escogió el segundo vuelo del día, aunque siempre tomaba el primer vuelo, incluso hizo la reserva a nombre de otra persona. Todo parece indicar que lo esperaban en el aeropuerto y que tan pronto se registró para viajar, se alistaron en el vuelo los guerrilleros de la columna “Teófilo Forero” de las FARC encargados de perpetrar el secuestro.

 

Image
Llegó renovado y optimista.

 

Coincidencias

Ocurrieron muchas cosas que hoy cuestiona Gechem y espera respuestas. Ese día no funcionaron los detectores de metales y aunque había tres helicópteros aparcados en  el aeropuerto “Benito Salas” de Neiva, no hubo operativo inmediato para rescatarlo. El avión cambió de rumbo apenas despegó y eso ha debido provocar alerta. La guerrilla, no se sabe utilizando qué argumento, había logrado que el Alcalde de Hobo ordenara podar las copas de los árboles a lado y lado de la vía para evitar cualquier tropiezo con las alas del avión,  y que el Alcalde de Algeciras hiciera arreglar la carretera por donde lo transportarían una vez secuestrado.  

 

Escapar

Recién plagiado, cuando todavía estaba con los guerrilleros que lo bajaron del avión, planeó escapar. Estaba en una zona que conocía perfectamente y además tenía “cuadrado” con un guerrillero para fugarse juntos. La operación se frustró porque, antes de lo previsto, apareció el relevo de guardia, trayendo un caballo para transportarlo, porque se enteraron que la enfermedad que tenía en la columna se había agudizado con la prolongada caminata.   

 

De ese momento le quedó el recuerdo de un ajedrez en miniatura que le regaló el guerrillero cómplice y que disfrutó durante todo su cautiverio, pero lo botó a las nubes pocas horas antes de quedar libre. Esta era una de sus pocas diversiones y a regañadientes le enseñó a jugar a Orlando Beltrán, con quien siempre lo ataban en las caminatas, con una cadena cuya distancia no pasaba de 30 centímetros, para evitar que se fugaran.   

 

Dos etapas

Mientras estuvo en el Huila y el Caquetá, sus captores lo trataron con cierto respeto, lo llamaban doctor, daba la impresión que lo conocían. Pero una vez lo entregaron a otro escuadrón, se acabó el “consentimiento”, lo “ablandaban” con golpes, malas palabras, y le decían “cucho”.  

 

Antes de llegar a la Orinoquía, donde permaneció la mayoría del tiempo que estuvo en cautiverio, arribó con sus captores a una casita y se ilusionó pensando que viviría bajo techo. Se emocionó creyendo que se acababa la pesadilla de dormir a la intemperie, tirado en el piso sobre un plástico, despertando con sobresalto a cada momento, por el temor a los animales y a la oscuridad. Por eso una vez volvió a la libertad, le costaba trabajo dormir en la cómoda cama del hotel de Caracas donde lo alojaron inicialmente, cada rato se despertaba muy nervioso sin saber dónde se encontraba.

 

Su alegría no duró mucho. A las tres horas apareció Gloria Polanco de Lozada y los llevaron juntos, selva adentro, a una cárcel construida para tenerlos encerrados como rehenes de guerra. Gloria llegó hecha un mar de lágrimas. La acababan de separar de sus dos hijos, porque al haber sido elegida Representante a la Cámara, se convirtió en rehén político. Para Gechem los resultados políticos eran adversos y contrario a lo que pasaba con Gloria, le dolía no haber obtenido los votos suficientes para ser elegido nuevamente Senador. “Ese es un golpe duro, sentí un impacto muy fuerte”, dice.

 

La cárcel

Al llegar a la denominada cárcel, un espacio encerrado con alambre de púas, de cinco metros cuadrados de extensión, a cada quien le daban un número. Así se convirtió Gloria Polanco en la retenida No. 31, mientras Gechem pasó a ser el No. 32. Anteriormente habían hecho lo mismo con Consuelo González de Perdomo y con Orlando Beltrán, denominándolos 29 y 30, respectivamente.

 

Image
Luis Villarruel, Gechem, Gloria Pineda, Marina, Miguel y Gloria Suárez.

Sentir el castigo

Nadie quería estar encerrado, preferían caminar al aire libre, así les tocara andar encadenados. Pero esa decisión no era propia. A los rehenes políticos los hacen sentir que están en la cárcel, para que los guerrilleros puedan decir que sus secuestrados viven lo mismo que sus compañeros en las cárceles de “el otro Estado”, como llaman al Gobierno. Así como cargan provisiones, los guerrilleros llevan el alambre de púas y demás implementos para construir la cárcel y encerrarlos, tan pronto llegan a un lugar a acampar.  

 

Les va mejor a los rehenes económicos que a los políticos, pues la vida del primero significa ingresos para la organización, mientras que la del segundo no la valoran. Les da igual ofrecer 25, 27 ó 50 secuestrados políticos, el número no es determinante, con cualquier cantidad de rehenes piden lo mismo, es decir la libertad de 500 guerrilleros que están en las cárceles.

 

Degradación

Estas cárceles de la guerrilla, que muchos han comparado con los campamentos de concentración de los Nazis, son la degradación total. Tener asinadas tantas personas de diferentes temperamentos, niveles educativos y sociales, generaba problemas frecuentes. El carcelero, quien  tenía el alias de “Veneno”, lo cual dice mucho del perfil del personaje, no se metía en las peleas, dejaba que los secuestrados arreglaran sus propias divergencias. Escuchar radio resultaba vital para todos, sin embargo escoger el programa provocaba roces, por las diversas preferencias. Otra cosa muy incómoda era que las necesidades fisiológicas debían ser depositadas en bolsas plásticas, para ser recogidas cada 24 horas por un guerrillero, que cuando estaba de malas pulgas dejaba pasar dos días sin cumplir su tarea. 

 

Su hijo

Aunque su esposa Lucy Artunduaga, quien desde afuera fue su soporte permanente en esos duros años de cautiverio, le había advertido en las comunicaciones radiales, que su hijo Jorge Andrés, a quien dejó de 12 años de edad, estaba muy cambiado y medía 1.80 mts, le impactó verlo. Quedó asombrado, pues dejó un niño y lo encontró convertido en todo un hombre.  Cuando fue plagiado, Gechem Turbay pesaba 96 kilos y llegó con sólo 75 (ahora ya anda en 85 kilos), así que en los primeros días le tocó usar la ropa de su hijo. “En las entrevistas por televisión salía luciendo mis chaquetas y además decía al aire que eran mías”, dice Jorge Andrés, quien no pudo estar en la liberación de su papá porque se encontraba en Londres estudiando inglés y le faltaban sólo tres días para graduarse y recibir el certificado.  

Luego que obtuvo el título, viajó directo a Venezuela para encontrarse con su padre. Gechem lo felicitó por haber tomado esa decisión. “Yo sabía que eso era lo que quería mi papá porque desde muy pequeño me dijo que apenas terminara bachillerato tenía que viajar a Londres a estudiar inglés, así que le cumplí llegando a Caracas con el certificado del curso”, comenta con cierto orgullo. Aunque su padre es economista, el joven planea estudiar Derecho, una carrera que considera le viene muy bien a su proyecto de ejercer la política. 

 

Lo que se hereda…

Jorge Andrés heredó la vena política de sus padres Jorge Eduardo Gechem y Lucy Artunduiaga, quien fuera Diputada a la Asamblea del Huila. En la gira por los municipios del Huila que ha emprendido el ex Gobernador Gechem, Jorge Andrés lo acompaña y pronuncia sendos discursos. Tiene condiciones innatas para la política, disfruta hablar en público, le gusta la vida social, es simpático, amable y de trato sencillo. Aunque su padre es Economista, el muchacho estudiará Derecho, una carrera que tradicionalmente adelantan los políticos.

 

Image
Leyendo Nueva Imagen.

Arqueo político

Gechem Turbay regresó a la política con más brío y energía. Encuentra mermado el partido liberal en el Huila y piensa ponerse la camiseta para reconquistar lo perdido. También lo hemos escuchado decir que trabajará por la libertad de los secuestrados que quedaron en la selva y por la paz de Colombia. Se encuentra haciendo un “arqueo” a ver cómo están las cosas. “Estoy en la política desde los 10 años de edad, es lo que me gusta y sé hacer, por eso retorné a mi actividad de siempre”, dice, mientras su hijo le comenta medio en broma “ya descansó seis años, es bueno que vuelva a la política”. Su esposa Lucy también está de acuerdo, según nos enteramos.

 

La realidad

Gechem considera que las FARC tienen buenos recursos económicos, organización, infraestructura, pero los ha golpeado la política de seguridad democrática del Presidente Álvaro Uribe. La bonanza se nota en la ropa, las armas y las caletas que tienen por toda la selva con comida. Esta es poco variada y mal preparada, no pasa de frijol, arroz, espagueti y lenteja, pero nunca falta. No ocurre igual con los elementos de aseo, que últimamente se habían vuelto un problema mayúsculo. Al principio llegaba cada 15 días una lancha con crema dental, papel higiénico y demás elementos de aseo, pero en los últimos años la frecuencia no era la misma, en ocasiones se demoraron un mes y en otros casos llegaron a pasar dos y tres meses sin que viniera la lancha. La emergencia la sorteaban acudiendo a la creatividad, como por ejemplo lavándose los dientes con jabón, en lugar de crema dental.

 

Image
Gechem y su hijo durante el almuerzo.

 

En la mira

A la guerrilla le han hecho mella los sofisticados equipos tecnológicos que utiliza el ejército para detectarlos. Gechem observaba que apenas un guerrillero se comunicaba por teléfono, sobretodo los jóvenes que les encantaba botar corriente en esos aparatos, enseguida aparecía milicia aérea rastreando la zona. La guerrilla no le teme a los aviones sino a los helicópteros, les asustan los desembarcos de tropas. Ellos saben que desde el aire no hay operativos porque matarían a los rehenes, por eso sólo le temen a los helicópteros. Lo impresionante es que apenas escuchaban ruido de aviones, los guerrilleros se ponían en posición de disparar y escogían los rehenes que debían fusilar en caso de un intento de rescate.

 

Image
Con la periodista Margarita Suárez.

 

Casi un milagro

Cuando el 3 de febrero se conocieron los nombres de los liberados y no apareció el suyo, estaba muy preocupado. No entendía la razón de quedar por fuera de ese grupo que incluía los secuestrados enfermos, sobretodo porque su salud estaba muy delicada. Cree que entre el 3 y el 15 de febrero, fecha cuando se anunció que había sido incluido en la lista, ocurrió algo inesperado, casi un milagro. Pudo ser el efecto de la carta que escribió para que su esposa Lucy la hiciera llegar a los Presidentes de Venezuela y Cuba, pidiendo que lo llevaran a la isla a tratamiento médico como rehén de guerra.  

 

Lucy viajó a Caracas pero no la pudo entregar personalmente al Presidente Chávez sino al Ministro Nicolás Maduro. Ese domingo en el programa “Aló Presidente”, Chávez se refirió a la carta y parece que esta alocución causó efecto porque enseguida lo incluyeron en la lista de liberados. A Gechem le quedó claro que la guerrilla admira y quiere a Chávez, les gusta el cuento del movimiento bolivariano. No se pierden el programa de Chávez, es su ídolo.

 

Ingrid y Clara

La familia Betancourt ha comentado que Clara Rojas se portó mal con Ingrid, pero Jorge Eduardo Gechem piensa que hay una mala interpretación. Clara era la asistente de Ingrid en la ciudad, pero al estar en la selva se pierde esa jerarquía y las dos pasan a ser personas iguales, con lo cual ya Clara no obedecía las órdenes de Ingrid, eso causó roces entre las dos. Los guerrilleros no admiten diferencias, a los militares les exigen comportarse como si todos fueran iguales, no importa si es un coronel, un sargento o un soldado, nadie tiene que cumplir órdenes entre sí. Eso mismo ocurrió con Ingrid y Clara, por eso se dificultó la relación entre ellas.   

 

En la travesía en la selva, se produjo el embarazo de Clara Rojas, quien llegó a la cárcel con siete meses de gestación. Todo parece indicar que Clara quiso voluntariamente tener su hijo, pero el padre de la criatura pagó con su vida la osadía porque fue condenado a muerte por las FARC. El bebé era llevado con frecuencia a pasar dos o tres horas diarias con los prisioneros, pero no volvieron a verlo desde que el guerrillero “Jerónimo” se lo llevó al Guaviare, cuando el pequeño enfermó de Leishmaniasis en el rostro, una enfermedad que carcome la piel y los huesos.   

 

Image
Agradeció al Presidente haber cumplido su palabra.

Gracias

Gechem está agradecido con su familia, con sus amigos, con el país, con el presidente Chávez, con Raúl Castro de Cuba, pero también con el Presidente Uribe, porque cumplió su palabra de suspender las operaciones militares en los tres días posteriores a la entrega de las coordenadas para su liberación y la de sus tres compañeros, el 27 de febrero de 2008.  

 

Al despedirnos, el ex Senador Gechem lo hace con afecto. Da la impresión que tanto tiempo de reflexión, lo volvió aún más perceptivo y optimista. Confía en que con trabajo y decisión se puede lograr un mejor país. Destella felicidad y disfruta con intensidad cada acto de su vida. Es evidente que al lado de su hijo Jorge Andrés, se siente pleno, como si quisiera aprovechar cada minuto para recuperar de alguna forma el tiempo perdido. Nos alegra verlo con ese espíritu.  

 

Comentario[s]

Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios.
Por favor valídate o regístrate.

Powered by AkoComment 2.0!