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La nueva vida de GLORIA POLANCO PDF Imprimir E-Mail

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Gloria Polanco.

 

El enviado especial de El Tiempo en Caracas, Carlos Salgado Roldán, habló con Gloria Polanco de Losada y sus tres hijos, sobre lo vivido en estos últimos días después que ella fue liberada del terrible secuestro al que la sometieron las Farc. Los hijos de Gloria cuentan que su madre era chistosa y recochera, pero no la han vuelto a ver así. Aseguran que creen que se recuperará.

 

Gloria se ha empeñado en recuperar, así sea a punta de relatos, los seis años y siete meses de vida que las Farc le quitaron.

 

Por darle gusto, Jaime Felipe, Juan Sebastián y Daniel han dormido poco desde el miércoles, cuando ella volvió de la selva con los ex congresistas Luis Eladio Pérez, Jorge Eduardo Géchem y Orlando Beltrán.

 

Le han contado todo

En la crónica, Jaime Felipe, el mayor de los tres hijos afirma que han llorado mucho al hacer las cuentas de lo que perdieron, “pero mi mamá ha querido que le contemos todo, incluso cómo ocurrió la muerte de mi papá".

 

Jaime Felipe era el que acompañaba al ex senador Jaime Losada el 3 de diciembre del 2005, cuando las Farc lo mataron mientras regresaba a Neiva de una correría política.

 

Ellos le han contado que el plan con su papá, para cuando ella regresara, era irse los cinco a una finca donde pudieran hablar y hasta llorar sin testigos por todo el tiempo perdido.

 

Aunque sin Jaime Losada, y no en una finca, sino en un hotel de Caracas, el plan se está cumpliendo. Mientras los muchachos cuentan las historias que a ella no le tocaron, Gloria, dicen ellos, no deja de acariciarlos. Para verla sonriendo aunque fuera un poco le contaron que en su ausencia su esposo se convirtió en el decorador de la casa, aunque no tenía idea de hacerlo.

 

"Siempre hizo los arreglos pensando en su Gloria, pero estaba casi seguro de que cuando ella llegara iba hasta a botar algunas cosas de las que él ponía", sigue contando Jaime Felipe.

 

Será la misma poco a poco

Los hermanos Losada Polanco todavía no ven a la mujer "chistosa, cansona y recochera" que tenían como mamá hasta el 26 de julio del 2001, cuando las Farc asaltaron el edificio Torres de Miraflores de Neiva y se la llevaron a ella, a Jaime Felipe, a Juan Sebastián y a otra docena de personas.

 

Pero poco a poco, dicen, irá volviendo a ser ella.

 

Ellos tampoco son los mismos. A Jaime Felipe y Juan Sebastián todavía les cuesta hablar para contar lo que fue separarse de su mamá en medio de la selva, en marzo del 2002, cuando los tres llevaban siete meses secuestrados.

 

Eran casi niños. El uno tenía 17 años y el otro 15, cuando las Farc los cambiaron de campamento porque los huilenses habían elegido a Gloria como representante a la Cámara y la habían convertido, sin quererlo, en canjeable.

 

Supieron después que su mamá había sentido rabia con su esposo, porque al hacerla candidata la había alejado de sus hijos.

 

Frente a la decisión de la guerrilla, Gloria se sintió menos que un animal. "Ni a un animal se le separa de sus cachorros... Me desgarraron el alma, lloré profundamente, pero no había nada que hacer", se repite ahora que ha vuelto con la obsesión de recuperar el tiempo perdido.

 

El asesinato de su esposo la puso casi en el abismo.

 

Las Farc, que luego reconocieron el crimen como un error, lo mataron 15 días después de que les entregó la última de las cuotas de dinero pactadas por la liberación de Jaime Felipe y Juan Sebastián, ocurrida en julio del 2004, tres años después del asalto en Torres de Miraflores.-

 

"Mis hijos se quedaron huérfanos de padre y están huérfanos de madre", recuerda Gloria que le dijo a un guerrillero.-

 

"De madre, no", le contestó el subversivo.-"Sí, porque yo estoy muerta en vida", volvió a decirle ella.Después de llorar mucho tiempo reaccionó y se dio cuenta de que no podía morirse.

 

Oró para pedir vida

Comenzó entonces a rezar el rosario todos los días para que la Virgen y Dios le dieran la vida necesaria para volver y recuperarlos."

 

Así transcurrió mi vida. Dolorosa, por supuesto. Triste, por supuesto", ha dicho Gloria.

 

Mientras tanto, Daniel, que tenía 11 años la noche en que los guerrilleros se la llevaron a ella y a sus hermanos, la seguía esperando al abrigo de una tía paterna en Neiva.

 

Jaime Felipe y Juan Sebastián, que ya estudiaban en Bogotá, lo monitoreaban por teléfono.

 

Lo más grande que les pasó en mucho tiempo fueron las cartas de su mamá que en enero pasado les trajo Consuelo González como prueba de supervivencia, cuando la liberaron con Clara Rojas.

 

Tan pronto se las entregó los hermanos Losada Polanco, sin abrirlas, se abrazaron y comenzaron a llorar. Daniel limpiaba con sus manos las lágrimas de Jaime Felipe.

 

Fueron una de las pocas familias que no quisieron hacer públicas las cartas que recibieron. "Eran muy personales", dijeron los muchachos.

 

Ahora que intentan rehacer sus vidas quieren ir con su mamá a Bogotá y luego a Neiva, donde está la casa de todos.

 

"Aunque sabemos que no vamos a volver a ser lo que éramos antes de que pasara todo esto, vamos a luchar para ser de nuevo una familia", dice Jaime Felipe.

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