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REFLEXIÓN… A propósito de la llegada de Consuelo a Pitalito PDF Imprimir E-Mail
 

Nos ponemos en los zapatos de Consuelo González Claros e imaginamos sus sentimientos encontrados. Todo su pueblo natal, Pitalito, victoreando su llegada y en contraste el vacío de su corazón que todavía sufre el dolor de la muerte de Jairo Perdomo, su adorado “negro”, fallecido cuando ella estuvo en cautiverio.

 

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Con su madre Inés Claros.
 

Consuelo reía y lloraba casi al tiempo. La alegría de volver a su tierra, de abrazar a su madre, a sus hermanos y a toda su familia, la embargó de emoción, pero la felicidad no era completa, faltaba su “negro” y vivía la angustia de sus compañeros que quedaron en cautiverio enfermos, tristes, deprimidos y sin esperanza.  

 

No exageramos si contamos que había cerca de cinco mil personas repartidas en las calles de Pitalito esperando el retorno de su hija pródiga Consuelo, después de seis años y cuatro meses de cautiverio humillante al que la sometieron los secuestradores de las Farc. Hasta "Lupe" el perro salió a su encuentro, pues vimos cómo la empleada de siempre de Consuelo, Belarmina, quien cuidó su casa durante la prolongada ausencia, le llevó a su mascota predilecta para que la saludara. Y la Universidad donde hace seis años cursaba estudios de psicología que no pudo continuar por causa del secuestro, se pronunció para entregarle el título Honoris Causa.

 

Cuando vivimos todos estos momentos y la gran movilización de personas, producto de los sentimientos que despiertan los medios de comunicación cuando resuelven darle importancia a los dramas que viven nuestros compatriotas, pensamos ¡qué bueno sería que no abandonaran el propósito de ayudar para lograr la liberación de todos los secuestrados que hay en Colombia! 

 

La ficción superó a la realidad

Tal como pasó con Consuelo González y Clara Rojas, que sus historias parecen de ficción, todo el drama de los secuestrados en Colombia resulta de fantasía. Han pasado muchas cosas increíbles, como lo ocurrido en el año 1982 cuando la autodenominada ORP (Organización Revolucionaria del Pueblo) secuestró a Gloria Lara de Echeverri, cuando ella tenía 44 años de edad, y la asesinó meses después, pesando tan sólo 23 kilos, y luego sus verdugos quedaron libres “gracias” a una sentencia de la Corte Suprema de Justicia. También tenemos el caso de la Cacica Consuelo Araujo, a quien asesinaron por la espalda, después que la pusieron de rodillas. Y ni hablar de lo ocurrido con Fernando Araujo o con el hermano del expresidente César Gaviria, o con tantos otros que han vivido el secuestro y que cada uno tiene su historia espeluznante.

 

Enmanuel

El escritor y periodista Fernando Quiroz decía en una entrevista por televisión que si él hubiera escrito la historia real de Enmanuel antes de que ocurriera, a nadie le habría parecido creíble. En este caso la realidad superó a la ficción. Hoy en el Diario El Tiempo nos enteramos cómo los guerrilleros de las Farc buscaron en forma desesperada recuperar a Enmanuel del hogar de paso del Bienestar Familiar. La historia es como de Ripley, y es la siguiente:

 

“El primer intento fue el 28 de diciembre, tres días antes de que el presidente diera a conocer la hipótesis de que el hijo de Clara Rojas no estaba en poder de esa guerrilla. En el proceso que lleva la justicia por el secuestro del niño, que nació cuando su madre estaba en cautiverio, están consignadas las pruebas de lo que según los organismos de inteligencia fue un intento fallido de la guerrilla para llevarse al menor y conjurar el enorme costo político que les representó el engaño con su liberación”.

 

“Ese día, una pareja de supuestos campesinos llegó hasta una vivienda en el sector de Santa Isabel. Los dos se presentaron como allegados a la familia de Juan David Gómez Tapiero (el nombre con el que el menor llegó a Bienestar Familiar) y pidieron verlo. Para ese momento, ya el niño no estaba en el sitio, pues el CTI de la Fiscalía y el Gaula tenían indicios de quién era en realidad. En el hogar de paso les dijeron a los dos campesinos que esas visitas no estaban permitidas y les pidieron que dejaran los datos para tramitarles una cita. Varios hombres, según contaron después testigos del sector, los esperaban en una camioneta”.

 

Medidas de seguridad

“El incidente prendió las alarmas de las autoridades y se reforzaron las medidas de seguridad del pequeño. El 2 de enero, hacia las 7 de la noche, otra pareja regresó al sitio. Llegaron en una camioneta de vidrios oscuros y un automóvil. Llevaban una caja que aparecía como enviada desde San José del Guaviare y, según dijeron, se trataba de unos regalos que habían mandado los familiares de Juan David. Les dijeron que no era posible, pero que los regalos los entregarían.

 

Ellos salieron, pero se quedaron afuera, tal vez con la esperanza de que salieran con la caja hacia donde estaba el menor o para confirmar si estaban allí. Pero las autoridades temieron que podría ser una bomba y a los pocos minutos, los carros antiexplosivos llegaron al sitio. Al ver el despliegue, la pareja y los hombres que los esperaban partieron en segundos. Una vez verificaron que la caja no tenía explosivos encontraron una camisa y un pantalón para niño, un tarro de leche Klim, un balón y un sonajero. Estos regalos fueron grabados y fotografiados y se encuentran dentro de una cadena de custodia para la investigación. Las autoridades ya tienen pistas sobre las personas que dejaron el regalo y quienes preguntaron por Emmanuel”.

 

Interceptaciones
“Los organismos de inteligencia interceptaron a mediados de diciembre comunicaciones a dos jefes de las milicias de la Red Urbana Antonio Nariño (Ruan) de las Farc. En las grabaciones les advertían que deberían estar alerta para recibir "el grupo que venía de abajo" y que iba a hacer "la tarea". En otra llamada revelan que son los hombres del 'Paisa'. Se referían a 'Oscar Montero', el jefe de la temida columna Teófilo Forero de las Farc, responsable de secuestros como el de los diputados del Valle. Inicialmente los investigadores creyeron que se trataría de un plan de las Farc para atentar en Bogotá antes de terminar el año. Pero en otra comunicación le dicen al miliciano que ‘se preparen... tienen que estar todos listos’ para la entrega. ‘El paquete tiene que salir de allá’. “

 

Recuerdo de la selva

Patricia, la hija de Consuelo afirma que en ocasiones su madre parece estar aún en la selva. Dice que a veces cuando están almorzando, Consuelo se queda en las nubes y de pronto vuelve en sí y les dice llorando: "Ahora, mis compañeros deben estar comiéndose un arroz con lentejas".

 

No puede olvidar la rutina en la selva. Los desayunos son a las 6 de la mañana, el café amargo a las nueve, los almuerzos antes del mediodía y la cena a las 4:30 de la tarde. No olvida los turnos para leer las dos revistas que la guerrilla repartía entre diez cautivos ni tampoco los juegos de cartas o parqués para matar el tedio."La rutina es la constante. Todos los días son lo mismo. Ocupábamos el tiempo para no pensar hasta que el día terminara", dice Consuelo.

 

"Ella está acá, pero su corazón sigue en la selva", repite Patricia y Consuelo lo corrobora porque no deja de hablar de todos sus compañeros que dejó en la selva encadenados. 

 

Epílogo

Cada historia da para un libro, como aquel de 600 páginas que escribió Luz María Echeverri Lara, la hija de Gloria Lara, sobre el caso de su madre, titulado “La Flor de la Esperanza”. O como el que acaba de escribir Jhon Frank Pinchao, el policía que se fugó del cautiverio, el cual será lanzado esta semana por Editorial Planeta. Dios quiera que algún día termine esta tragedia y que nuestros escritores puedan relatar la ficción sin temor a confundirse con la realidad.   

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