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“Las encuestas dicen que el 82% de los colombianos quieren el acuerdo humanitario, pero falta solidaridad”, asegura Deyanira Ortíz Cuenca, esposa de Orlando Beltrán Cuellar, secuestrado por las Farc hace seis años y medio.
 Deyanira Ortíz Cuenca
El drama del secuestro sigue afectando a muchas familias en el Huila. Los parientes cercanos de las víctimas hablan de dieciséis personas, sobre las que se tiene plena seguridad que siguen viviendo este terrible flagelo. La cifra total exacta no es posible determinarla ya que no todos informan sobre los secuestros y no existe forma alguna de determinar la suerte de cada uno de los que han sido secuestrados en los últimos diez años.
Está latente la angustia de tener a sus seres queridos privados de la libertad y sometidos a situaciones tortuosas como las relatadas por el subintendente John Frank Pinchao, quien se les escapó a las Farc tras nueve años de cautiverio y las que comentó Consuelo González de Perdomo, quien trajo nuevas pruebas de supervivencia.
"Las familias estamos muy pendientes de ellos”, dice Deyanira Ortíz Cuenca, Notaria Cuarta de Neiva y esposa del exrepresentante a la Cámara, Orlando Beltrán Cuellar, secuestrado el 28 de agosto del año 2001.
¿En qué circunstancias secuestraron a su esposo?
“Él había viajado un martes al municipio de Gigante; tenía una reunión en el restaurante La Casona con un grupo de cultivadores de caña a los que iba a ayudar ya que en ese momento era el ponente del proyecto de biocombustibles, que estaba radicado en la Comisión Quinta de la Cámara de Representantes. Estuvo reunido con ellos desde las siete de la mañana y lo que me comentaron algunas de las personas que estuvieron con él, es que posteriormente se dirigió a una propiedad que tenemos a diez kilómetros de Gigante. Orlando venía de regreso con tres personas más, cuando lo interceptaron unos supuestos militares; una vez que se identificaron con sus cédulas de ciudadanía, avisaron por un teléfono que ya habían capturado el objetivo y se lo llevaron en una camioneta y también el carro en el que él andaba, el cual apareció al otro día en la carretera antes de Hobo y, a partir de ahí, lo que supimos fue que se lo había llevado las Farc”.
¿Su familia temía algún secuestro?
“No, jamás llegamos a contemplar la posibilidad de que nos secuestraran ni a él ni a mí, ya que somos personas trabajadoras, que no poseemos ninguna fortuna. Orlando, en su calidad de parlamentario, siempre estuvo al servicio de los campesinos y muy solidario con las causas sociales”.
¿Qué esperanza tiene de la recuperación de la libertad de su esposo?
“La esperanza de que él regrese la tenemos todos los días, seguimos trabajando, haciendo contactos, movilizando gente para que se sienta que los secuestrados tienen que regresar. Con este gobierno lo veo difícil, no se plantean soluciones. Percibo eso pese a que cuando hablé con el presidente Uribe tenía gran interés por saber de los secuestrados. El presidente ha dicho que acepta un acuerdo humanitario pero sin despeje. Lo más cercano que hemos estado al acuerdo fue la propuesta que hizo la Comisión de Facilitación Internacional, integrada por Francia, España y Suiza. La discusión está en el mismo punto, la guerrilla sigue insistiendo en una zona de despeje y el gobierno dice que no”.
¿Ha habido otras propuestas?
“Si, el primer Ministro de Italia ofreció que Roma fuera el sitio de encuentro para que se diera el acuerdo humanitario, pero la guerrilla no aceptó; ha habido otras de España, Francia y Suiza. Pienso que falta la voluntad real del presidente Uribe para el acuerdo humanitario y la voluntad real de las Farc, porque a veces percibimos que no es tan cierto lo que ellos expresan en los comunicados, ya que cuando ven que se está moviendo el tema, que el gobierno si, ellos salen a decir que si no es en Pradera y Florida no hay nada que hacer, vuelven como a cerrar esa puertita que se abre”.
Los hijos
Este matrimonio que vive tan trágica situación tiene dos hijos: Juan Felipe, próximo a los 18 años de edad y Nicolás, de once, quien recuerda todo el tiempo a su padre a pesar que cuando lo plagiaron tenía menos de cinco años de edad. Ambos viven pendientes del regreso, de las noticias, de los comunicados y de las pruebas de supervivencia.
¿Cuál es la situación escolar de sus hijos?
“Mis hijos siempre han estudiado en el Colegio La Fragua; allí terminó el mayor que en este momento está en la universidad; en el colegio siempre hubo mucha solidaridad con ellos y el rector y el coordinador académico han estado muy pendientes;es un colegio que tiene varios hijos de secuestrados y les tratan el tema con psicólogos”.
¿Cómo se las arregla para ser mamá y papá?
“Uno se acostumbra y aprende a hacerlo. Al principio fue muy duro adaptarnos a estar sin él, que era el eje de la casa. La situación económica también varió mucho ya que durante los primeros cuatro años de cautiverio no nos pagaron el sueldo de Orlando y, como consecuencia, tuvimos problemas económicos, gracias a Dios yo siempre he trabajado. Posteriormente presentamos una demanda y el Congreso comenzó a pagar los sueldos, lo cual ha ido regularizando la situación aunque todavía hay muchas deudas. La parte afectiva continúa siendo muy difícil. Nos ha ayudado que hemos recibido la solidaridad de muchos amigos de la familia, de los padrinos de los niños y de sus tíos. Han sido un apoyo inconmensurable que nos ha permitido sobrevivir en este drama que no se lo deseo a nadie”.
Compañeros
Con Orlando Beltrán Cuéllar comparten el tortuoso cautiverio otras personas consideradas por las Farc como ‘rehenes políticos’, como es el caso de Jorge Eduardo Gechem Turbay y Gloria Polanco de Losada, quienes según lo informado por Consuelo González de Perdomo, tienen problemas de salud.
¿Ha recibido una proposición de parte de las Farc a cambio de una liberación?
“Recién secuestraron a Orlando -era la época del presidente Andrés Pastrana-, estábamos en pleno proceso de paz y fuimos a Los Pozos, lugar donde se adelantaban las negociaciones del proceso de paz. Nos dirigimos con familiares de otros secuestrados y mantuvimos conversaciones en las denominadas ‘mesas’; los de las Farc, nos dijeron que nosotros no éramos interlocutores válidos, que los tenían retenidos para ser canjeados y que, por lo mismo, sólo hablarían con el gobierno”.
¿Hubo algún cambio?
“Ninguno significativo y sólo al terminar el gobierno de Andrés Pastrana, como ocho días antes, hubo un fuerte rumor de que se estaba firmando un acuerdo humanitario para la liberación de los secuestrados, pero algo falló, no sabemos qué”.
¿Qué puede ayudar para que se produzca el acuerdo humanitario?
“Una gran solidaridad de la sociedad civil. Hay solidaridad internacional, pero todavía falta la solidaridad de los colombianos. A pesar de que las encuestas muestran que el 82% de los colombianos quieren el acuerdo humanitario, no se ve concreta esa solidaridad, falta más compromiso, que esa solidaridad sea con hechos. Los gobernantes y legisladores expresan la solidaridad pero en sus programas de gobierno, que es donde debiera estar plasmada, no la vemos realmente. Solamente en la medida que haya un compromiso serio de las diferentes instituciones y de la sociedad civil, el presidente vería la necesidad de hacer el acuerdo humanitario”.
¿Qué mensaje da a su esposo, si esta revista llega a sus manos?
“El mensaje para él y todos los secuestrados es que tengan mucha fe en Dios, que tengan confianza, que las familias siguen trabajando por el regreso de ellos, que no vamos a descansar hasta que estén con nosotros, que se cuiden mucho, que los amamos, que los estamos esperando y que nunca hemos perdido la fe de que van a volver”.
Pensemos que su esposo regresa, ¿qué le diría si lo tuviera en frente suyo?
“Lo primero sería darle gracias a Dios y luego decirle a Orlando que lo quiero mucho, que siempre lo hemos esperado y que en la casa está el sitio de él para que regrese a vivir”. Orlando, padre de familia ejemplar, Ingeniero Industrial y excelente político, cumplió 50 años -el pasado 15 de diciembre- en realidad 44, si descontamos seis años que le han sido negados en su existencia para estar en compañía de los suyos llevando una vida normal como se la merecen todos los colombianos.
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